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dugongot

Dugongos, las sirenas de mar.

El bucanero y explorador británico William Dampier, durante su viaje de exploración por los mares de Australia en 1699, hace un sorprendente hallazgo: encuentra la cabeza y los huesos de un hipopótamo, incluidos sus dientes, en el estómago de un tiburón capturado en la costa oeste australiana, concretamente en Shark Bay. Un descubrimiento poco común ya que se deben producir tres hechos muy poco probables: que un hipopótamo penetre en aguas marinas, sea atrapado por un tiburón y que este último sea capaz de recorrer una gran distancia en muy poco tiempo para que los huesos aún permanezcan en su estómago. Una de las explicaciones más lógicas que podrían explicar este sorprendente hecho es que, en realidad, lo que Dampier encontró fuese el esqueleto de un dugongo, un pariente acuático del hipopótamo bastante desconocido por entonces por el mundo occidental. Incluso, hoy en día, no son demasiados los que sabrían describir la apariencia de un dugongo o reconocerlo si tienen la fortuna de encontrarse con algún ejemplar.

En algunos países del este de África se refieren a los dugongos como si fuera una especie de hipopótamo. Los malgaches lo llaman “lambondana”, que se puede traducir como cerdo salvaje del coral. Al igual que en ciertos países asiáticos lo conocen como cerdo marino o vaca marina. Su nombre común, y científico en este caso (Dugong dugon), deriva del termino malayo “duyong” que significa sirena.  El caso es que puede ser que, a pesar de su aspecto poco estilizado, tenga algo que ver con las míticas leyendas de sirenas. Seguramente, la primera mención escrita que se conoce de los dugongos se la debemos al historiador griego Megástenes, quien describe a unas criaturas en el mar de Sri Lanka, con apariencia de mujer y espinas de pez en lugar de mechones de cabello. 

A pesar de tener lazos de parentesco con el hipopótamo, a nivel genético y morfológico, se clasifica en otro grupo de animales totalmente diferente: los sirénidos.

En la actualidad, este grupo de mamíferos está integrado tan solo por 4 especies: tres de manatíes y una única de dugongo. Hasta hace poco tiempo, sólo dos especies de dugongo aún sobrevivían. Pero, desafortunadamente, la vaca marina de Steller, un pariente que habitaba en las frías aguas del pacífico norte, se extinguió en manos del hombre hace poco más de 200 años.

Los manatíes y dugongos son los únicos mamíferos marinos vegetarianos. Siendo un poco más precisos, podríamos decir que son estos últimos los únicos estrictamente marinos y vegetarianos, pues el manatí, aunque puede vivir perfectamente en aguas marinas, prefiere entornos de agua dulce.

El manatí es, seguramente, un poco más popular que el dugongo, ya que una de sus especies habita en los ríos y costas de Norte América, donde el esfuerzo por su protección y la divulgación es considerablemente mayor que en otros muchos países.

El dugongo y el manatí poseen varios caracteres morfológicos que los diferencian. Uno de ellos, quizás el más fácil de distinguir, sea la forma de la cola, que en los dugongos es bilobulada (similar a la de los delfines), mientras que en los manatíes es redondeada.

Cola de dugongo

Los dugongos pueden llegar a alcanzar una longitud de 3 metros y 200 kilos de peso. No presentan dimorfismo sexual, aunque las hembras suelen tener un tamaño un poco mayor con respecto a los individuos macho, pero la diferencia es conspicua y no sirve de mucha ayuda para distinguirlos a simple vista. Otra diferencia, aunque poco notable, es la presencia en los machos adultos de un par de incisivos que sobresalen, tal y como sucede en sus también parientes los elefantes.  

Los dugongos sienten preferencia por hábitats poco profundos, como bahías tranquilas protegidas de oleaje y corrientes. Se encuentran en aguas marinas superficiales (entre los 5 y 8 metros de profundidad) que corresponden a zonas ricas en alimentación, las praderas marinas.

dugongo

Su área de distribución es la más amplia de todos los ejemplares que forman parte del grupo de los sirénidos. Se encuentran dispersos por más de 40 países, todos ellos situados en las costas tropicales y subtropicales del pacífico oeste y océano índico. Desde el este de África hasta las islas Salomón y Vanuatu incluyendo el Golfo Pérsico, Asia, Micronesia, Melanesia, Australia. Durante un crucero de buceo en el Mar Rojo sur, es posible toparse con ellos y tener la enorme suerte de disfrutar de unos minutos de su compañía. Normalmente, si realizas un viaje de buceo vida a bordo recorrerás zonas que forman parte de su hábitat natural y será más probable el encuentro con ellos. Si prestas atención, podrás escuchar sus cantos mientras buceas.

Si tenemos la ocasión de viajar y bucear en alguno de estos lugares y toparnos con dugongos, lo más habitual es dar con un individuo solitario, una pareja o pequeños grupos de entre 3 y 6 individuos. Grupos de individuos mayores no son tan frecuentes. Seguramente los veamos “pastando” incansablemente en el fondo, rebuscando con su morro, entre las praderas, los rizomas de las plantas que come. Este proceso genera grandes nubes de polvo fáciles de ver mientras buceamos. Es muy habitual verlos acompañados de jureles dorados (Gnathanodon speciosus) que aprovechan todo este revoltijo para llevarse a la boca los “bichitos” desenterrados en el proceso.

dugongopeces

Son animales poco ágiles a la hora de nadar y bucear. Cuando comen, suben a superficie en intervalos de uno o dos minutos para respirar. Lo hacen despacio, en una posición prácticamente horizontal y asoman únicamente los orificios nasales para tomar el aire del exterior. Una o dos inspiraciones y abajo de nuevo a seguir alimentándose. En general, rara vez permanecen sumergidos más de tres minutos.

Dugongo en superficie

Son animales longevos, su esperanza de vida es de unos 50 años aproximadamente, aunque el mayor ejemplar de los que se ha tenido constancia alcanzó los 73 años. Para determinar la edad, se lleva a cabo el mismo proceso que con otros mamíferos marinos como por ejemplo los delfines, se estudian los cortes transversales de los dientes. Éstos presentan unas marcas similares a los anillos de crecimiento de los árboles que sirven para estimar la edad del individuo.

Según las poblaciones estudiadas, parece ser que existen diferencias en el comportamiento y en los rituales de apareamiento. El más frecuente, que además coincide con el de los manatíes, es la formación que los grupos de machos realizan para copular con una hembra en celo. Se trata de una competición en toda regla y es ligeramente violenta, como habitualmente ocurre en el reino animal.

En el oeste de Australia se ha observado un comportamiento más curioso que es típico de aves. Se forma lo que se conoce como “lek” o arena (en el sentido de ruedo o lugar de combate), que consiste en una agrupación de machos en un territorio alejado de las zonas de alimentación. Aquí, los machos realizan una serie de exhibiciones para atraer a las hembras y éstas eligen al macho que ejecute la mejor “actuación”. En este caso, se trata de una competición más agradable, carente de violencia.

A pesar de tener vidas más o menos largas, su tasa de reproducción es bastante baja. Alcanzan la madurez sexual entre los 9 y 15 años de edad. Normalmente, tras unos 13 meses de gestación, darán a luz a una única cría que amamanta durante un tiempo mínimo que ronda el año y medio. Y, como todos los mamíferos, la cría se alimenta de la leche materna succionando el pezón. Para ello, la madre sujeta a la cría sacando la cabeza y los hombros fuera del agua, mientras éstas obtienen su alimento de los dos pezones que tienen entre las aletas. Después del parto, pueden pasar entre 3 y 5 años hasta que se produzca un nuevo alumbramiento.

El dugongo se encuentra en peligro de extinción. Se cree que en unos 40 años podría llegar a desaparecer. Está amenazado, principalmente, por la especie humana, debido a la caza indiscriminada que se lleva a cabo, especialmente, en algunos lugares de Asia, donde su carne y grasa son muy apreciadas. Su piel es procesada para fabricar cuero y sus huesos y dientes para elaborar elementos ornamentales como los preciados adornos de marfil o para convertirlo en carbón para las refinerías de azúcar. Incluso en algunos países se les otorga a los dugongos propiedades medicinales. En su medio natural, tienen pocos depredadores naturales, tan solo son atacados por algunas especies de tiburón y las orcas.

Pero también se enfrenta a otras amenazas indirectas que han contribuido a mermar su población: por ejemplo, el mayor número de accidentes que sufren por colisión con los cada vez más numerosos barcos de recreo y mercancías; enredos accidentales en redes de arrastre, incluso en las que se utilizan para proteger a los bañistas de los tiburones en algunas zonas de Australia.

Otro motivo es la exposición que sufren a la infinidad de productos químicos que van a parar al mar. Estos residuos pueden ocasionarle graves problemas reproductivos o hacerle más susceptible a las enfermedades.

Por otro lado, las instalaciones de acuicultura pueden convertirse también en un riesgo potencial para estos mamíferos marinos, restringiendo sus zonas de alimentación o constituyendo un obstáculo en sus rutas de desplazamiento.

Incluso actividades potencialmente beneficiosas para el hombre, como el ecoturismo, pueden convertirse en un serio problema si no se realizan de la forma adecuada. El acoso de hordas de turistas puede hacer que los animales abandonen zonas típicas de alimentación.

Dugongo con nadador

Pero, seguramente, su amenaza más seria sea la pérdida del hábitat. Éste se ve disminuido por las pérdidas de las praderas marinas de las que se alimenta, provocando un dramático efecto sobre las poblaciones de dugongos.

Afortunadamente, en muchos sitios se está invirtiendo esta tendencia. Gracias a los programas de conservación, los esfuerzos por su protección y el mejor conocimiento de estos animales, su declive se ha frenado e incluso algunas poblaciones aumentan de forma saludable.

Dónde es posible nadar con Dugongos

Aunque su rango de distribución es bastante amplio (aparecen en más de 40 países), no resulta sencillo poder meterse en el agua con ellos debido a que se encuentran en peligro de extinción. Poco a poco, las poblaciones se han visto diezmadas y son muy escasos, de modo que es complicado encontrarte con uno de ellos en su medio natural.

Pero, por si esto fuera poco, es una especie que tiende a ser solitaria y, además, poco curiosa con los buceadores. Lo que implica que, incluso en lugares donde son abundantes, tendremos que ser perseverantes o bien tener mucha suerte. Y, por supuesto, buscar sus áreas de alimentación puesto que son las zonas con mayor probabilidad de encuentro: bahías poco profundas y protegidas, donde abundan las praderas submarinas. Afortunadamente para ellos, no son los lugares de buceo habituales.

En cualquiera de los destinos de buceo que mencionamos abajo y algunos más que, probablemente, desconozcamos, podrías encontrarte con este tímido animal. Aunque no sería muy buena idea planificar tu viaje de buceo a estos recónditos lugares únicamente con la intención de verlos.

En Indonesia, podrías toparte con ellos en Komodo, en Raja Ampat o en el norte de Sulawesi (en las islas Bangka y en Bunaken); también en Vanuatu, en la isla de Efate; en Micronesia, en uno de los viajes de buceo vida a bordo en Palau; en las islas Salomón; en Kalpitiya de Sri Lanka; en los archipiélagos de Bazaruto y Quirimbas en Mozambique; en Abu Dhabi; en Cairns de Australia…

Por suerte para los buceadores, hay lugares donde los encuentros son más probables:

En Filipinas, por ejemplo en las islas Palawan, hay centros de buceo que ofrecen salidas especiales para nadar con ellos. Lo mismo ocurre en Ningaloo Reef en Exmouth, oeste de Australia.

Un sitio más cercano y con alguna posibilidad de verlos es en los cruceros de buceo en el Mar Rojo, cerca de las poblaciones de Hurghada, El Quesir y Marsa Alam. Allí existen ciertas bahías donde son más o menos comunes. Algunos de estos lugares se han hecho tan populares que numerosos “turistas”, tanto haciendo snorkel como buceando con botella, se aproximan al animal para tomarse una foto junto a él. La mayoría de las veces, son demasiados y lo realizan de forma bastante frecuente.

Dugongo con buceadores

Estos hechos han provocado que los gobiernos tomen medidas para limitar el número de personas en el agua, con el fin de protegerlos. Como por ejemplo, prohibir a los barcos de buceo vida a bordo visitar con sus clientes estos lugares.

En cualquier caso, si eres uno de los afortunados en viajar para bucear al lado de alguno de estos simpáticos mamíferos marinos, aproxímate siempre con mucho cuidado, no los persigas y acoses y, sobre todo, ¡no los toques! Podrías contagiarles alguna enfermedad.